The NBA finals, una remontada épica

28.06.2016

Cómo conectarse con una CONFIANZA más allá de todo límite

Este año me he enganchado completamente a las finales de la NBA. No he llegado al extremo de no dormir para ver los partidos pero cada día del “Game” lo primero que hacía era consultar el timeline del Twitter y por la noche al llegar a casa, entusiasmada, me disponía a disfrutar de los 207 minutos (al menos) que duran estos shows deportivos.

Para los que no somos seguidores habituales del básquet y menos de la NBA pongo en contexto esta final: esta temporada los Golden State Warriors (ganadores del anillo el año pasado) han revolucionado la NBA, de hecho se dice que han transformado “el juego” (al primar la velocidad y el juego exterior – triples- sobre el tradicional juego interior que requiere más trabajo físico de uno contra uno) y en esta “revolución” han batido el récord de los récords establecido por el equipo más laureado de la historia, los Chicago Bulls de Michael Jordan al conseguir 73 victorias por 9 derrotas en una temporada regular.

Frente a estos Warriors estaban los ganadores de la Conferencia Este, los Cleveland Cavaliers de LeBron James (“kingjames” en argot NBA).

Los Cleveland Cavaliers también venían con su historia “particular” en total oposición a la de los Warriors: para empezar, el nivel de la Conferencia Este en los últimos años ha venido siendo inferior al de la Conferencia Oeste con lo cual los Cleveland habían jugado menos partidos (y con rivales “más fáciles”)  para llegar a la final. Por otro lado, la ciudad de Cleveland ostentaba el “triste honor” de no haber ganado ningún título nacional con ninguna de sus 3 franquicias deportivas (baloncesto, futbol americano y beisból) en los últimos ¡50 años! (única ciudad americana), y esta “maldición” es lo que había motivado a su megaestrella Lebron James a volver a su ciudad natal desde Miami para traer por fin un anillo a casa (“do it for the land”).

Con este “ambiente” se inició la final con los deslumbrantes Warriors claramente como favoritos. 

En los 2 primeros encuentros los Warriors literalmente barrieron a los Cavaliers y pusieron las finales claramente a su favor; no sólo en cuanto al resultado final sino al juego en sí. Para que os hagáis una idea, los Warriors eran como el Ballet del Bolshói danzando el Lago de los Cisnes (fluidez en el ataque, súper velocidad, armonía y precisión en los pases) a los que daba gusto mirar (“jogo bonito”). Los Cavaliers, mientras tanto, absolutamente sobrepasados, parecían unos jugadores de sumo que trataban “inútilmente” parar a esos ligerísimos y veloces Warriors, con sus penosos y trabajosos ataques físicos (feos de ver) de 1 contra 1.

En estas estábamos cuando dominando los Warriors 3-1  la serie, llegó el decisivo y crucial  Game 5 en el que no sólo ganaron los Cavaliers sino que el descomunal Lebron James y Kyrie Irving anotaron 41 puntos ¡cada uno de ellos! (finales de récords) permitiéndonos ver otros Cavaliers, más rápidos, más seguros y sin duda mucho más contundentes y “agradables” de ver.

 

¿Qué ocurrió que propició este cambio?

 

Lo que ocurrió fue lo que denominaré un CAMBIO DE OLA… una “ola” de esa energía que revoluciona el camino, una “ola” que hace que aquello que siempre soñaste para ti pero que te parece imposible de conseguir “ocurra”, la ola que cambia vidas, trayectorias, rumbos y destinos… la ola de la CONFIANZA.

Confianza, que hay que resaltar, siempre tuvo Lebron James en sí mismo, en su equipo (que como “Kingjames” que realmente es, se echó a su espalda) en su entrenador y  en sus posibilidades  reales de ganar estas finales; pero más allá de esto (que resultó evidente para todos) para mi “novata visión” esta confianza de los Caveliers y la pérdida de ella por los Warriors se ejemplarizó en 2 jugadores (segundas estrellas aparentemente) de uno y otro equipo:

  • En los Warriors, HARRISON BARNES, alero titular durante la temporada regular, llegó en situación de “agente libre” a esta final (agente libre viene a ser que ya cumplió contrato con su franquicia y está libre para renegociar su contrato algo que, visto lo visto y las cifras que se manejaban, influyó notablemente en su rendimiento). De manera casi inesperada e inexplicable Barnes cometió fallos seguidos y clamorosos en momentos cruciales de los partidos. De ser una garantía anotadora pasó a generar dudas e inseguridad en el ataque de su equipo. ¿Qué ocurrió? ¿le pudo la presión? ¿fueron las tremendas y altas expectativas EXTERNAS a él las que minaron su confianza?

Y, ¿no pudo ser esta, por extensión, la razón de que los Warriors fueran de más a menos en esta final? ¿La posibilidad de SUPERAR a los Bulls del 95/96 ejerció una presión demasiado grande para ellos? Lo que sí quedó claro claro es que en algún momento, alguna DUDA apareció y esa magia portentosa de su ataque, en alguna forma se fue desvaneciendo.

 

  • En los Cavaliers, en cambio, un alapivot con una buenísima y sana energía, TRISTAN THOMPSON, 2.06 m de buen rebote y gran trabajo defensivo pero penosísimas estadísticas en el tiro libre, representó el efecto contrario.

La cuestión con este alapívot es que en uno de los partidos (el famoso partido 5 que lo cambió todo) descubrí esa regla “táctica” que todavía se permite en la NBA (aunque están estudiando retirarla); que viene a ser que si tu pretendes parar, como sea, el ataque del equipo contrario, haces una falta (aunque sea en medio de la pista sin el balón en juego y casi en plan chorras) sobre aquel de ese equipo que “probablemente” falle el tiro (en los Cavaliers, este es (era) Tristan con diferencia), evitando así que tu competidor anote (curiosa regla antijuego total). ¿Resultado? los Cavaliers ya no tienen la posesión para el ataque, Tristan tira libre y… FALLA (como los Warriors esperaban y los Cavaliers temían).

Pero aquí viene lo bueno del asunto y el CAMBIO DE LA OLA. Esta jugada “ridícula” la   repitieron los Warriors en un par de ocasiones más con idéntico resultado hasta que a   la 3ª (creo recordar), Lebron James se acercó a su compañero y le dio una crucial  palmada en la espalda , en plan “no pasa nada tío, te queremos igual”… (eso fue lo que yo “sentí”). ¿Resultado? Tristan tira el primer tiro… encesta, con lo cual tira el segundo y… vuelve a encestar.

¿Qué ocurrió? ¿Fue el sentirse querido? ¿Acaso la fuerza y la confianza incondicional que puso Lebron en él marcó la diferencia? Cualquiera lo sabe, lo relevante es que hubo un antes y un después en el tiro de Tristan tras  “esa” palmadita.

Y, al final, ¿no fue eso por extensión lo que ocurrió a los Cavaliers? Fueron un equipo de menos a más a lo largo de los partidos, se CRECIERON (Lebron e Irving a la cabeza) ante las dificultades y NUNCA, NUNCA dejaron de creer y CONFIAR.

Finalmente , los Cavaliers contra todo pronóstico y siendo el primer equipo que remontaba un 3-1 en la serie, ganaron el último partido y llevaron el Anillo a una ciudad de Cleveland que, en principio atónita de la sorpresa, todavía debe estar pellizcándose el brazo para creer que “no ha sido un sueño” (#alwaysbelieve  ).

En conclusión, estas finales nos han hecho aprender sobre la fuerza del equipo, la dura disciplina del juego, la “visión”, la rapidez, los reflejos, la resistencia ante la presión, la gestión del estrés y el poder de la confianza en uno mismo, pase lo que pase  (la que Lebron fue contagiando a todo su equipo). Estas finales me recordaron algo que es OBVIO y que sin embargo casi siempre pasamos por alto.

Todos y cada uno de nosotros nacemos con algún TALENTO y todos tenemos la posibilidad de desarrollar en un camino quizás largo, lleno de contratiempos y dificultades y que nos exigirá probablemente mucha disciplina, esfuerzo y trabajo para llevarlo a cabo. Porque para hacer crecer nuestro talento hemos de conocer y explorar nuestros RECURSOS, esos que aparecen cuando las cosas se ponen complicadas y nos exigen que saquemos lo mejor de nosotros mismos.

Sin embargo, todo el talento del mundo, todo el trabajo del mundo, todos los recursos del mundo no sirven de nada si no se desarrolla la CONFIANZA. Si yo dejo de creer en mí, en mis posibilidades, en mi trabajo y en mi esfuerzo… todo se caerá como una baraja de naipes. En este juego de la confianza, inevitablemente la duda sobre mí mismo aparecerá muchas veces, y cuando preste atención a las voces externas, esta será cada vez mayor…. Por eso si quiero construir una confianza más allá de todo límite será cuando tenga que prestar atención a algo MÁS GRANDE QUE YO MISMO (mi equipo, mi familia, mis hijos, mi ciudad, mi país, mi fe, mi legado, mi mundo) y que esa sea mi razón y mi por qué hago lo que hago.

Esta confianza ha sido, en definitiva, lo que llevó tanto a los Warriors en temporada regular como a los Cavaliers en las finales a alcanzar resultados EXTRA-ordinarios.

Muchas veces este camino hacia la confianza, necesita una palmadita en la espalda. No todos podemos tener un Lebron James de compañero de equipo pero sí que podemos decidir buscar compañeros de equipo positivos que nos ayuden a trabajar esa confianza en nosotros mismos contra viento y marea.

TODO EMPIEZA CON UNA DECISIÓN. Después, el Universo conspira para hacerla realidad.

Tú también puedes conseguirlos. ¿Quieres hacerlo?

Escríbeme a patricia@emotivacion.es

2 comentarios

  1. María José

    ¡Estoy emocionada!este artículo me ha hecho revivir la maravillosa final NBA 2015/2016. He tenido la fortuna de compartir contigo esos partidos y he visto como te emocionabas y al final del partido querías más. Soy feliz de verte feliz y sobre todo de saber que el baloncesto te inspira y te hace reflexionar y sentir. Estoy de acuerdo en que la confianza es un pilar fundamental en la vida y que la búsqueda de compañeros de camino positivos que nos ayuden en la hermosa tarea de vivir es una elección primordial. Gracias y felicidades.

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    1. Patricia Rodriguez Abelairas Autor

      Pues sí, querida María José. Fueron unas finales emocionantes y llena de aprendizajes. Agradecida y feliz de haber compartido tan “intensos” momentos contigo.

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