La asertividad: expresión de una sana autoestima. 3 elementos para conectar contigo mismo y manifestar tu autenticidad

25.11.2014

”La forma en que nos comunicamos con los demás y con nosotros mismos, en última instancia, determina la calidad de nuestras vidas” (Anthony Robbins)

“La asertividad: expresión de una sana autoestima”, es el título de un fantástico libro de Olga Castanyer (psicóloga especialista en Psicología Clínica) que últimamente no hago más que recomendar; de hecho, de un tiempo a esta parte, el concepto de “asertividad” aparece continuamente en mis conversaciones. “Demasiado agresivo y poco asertivo”, “tenemos que trabajar nuestra comunicación”, “¿has reflexionado acerca de cuál es la razón de que no hayas conseguido manifestar exactamente lo que sentías?”.

Suena muy bien, pero realmente, ¿a qué nos referimos cuándo hablamos de asertividad?

La asertividad es la CAPACIDAD de EXPRESAR EXACTAMENTE LO QUE SE QUIERE, sin ánimo de insultar al otro y sin despertar en él sentimientos de miedo u hostilidad. Es decir, nos permite reafirmar nuestros derechos y nuestra personalidad respetando los derechos del otro. Ser asertivo consiste en hacerse valer y en defender una postura con confianza en uno mismo y en su propio juicio. Se trata de mostrar mi propia opinión y criterio sin agredir y sin sentirme culpable por expresarla.

¿PORQUÉ NO SOY ASERTIVO?

– Porque no he aprendido a serlo o lo he aprendido de forma inadecuada. No se nace “siendo asertivo”;  las habilidades para ser asertivo o no, son patrones de conducta o HÁBITOS.

– Porque aunque sé exactamente lo que quiero manifestar, la ansiedad que siento “me impide” hacerlo con confianza y tranquilidad

– Porque estoy desconectado de mí mismo: “no sé” ni que quiero decir, sólo sé que me molesta lo que está ocurriendo.

 

Camino de una sana autoestima. 3 elementos para conectar contigo mismo y manifestar tu autenticidad

 

  • 1º.- LIBERA TUS BLOQUEOS Y CONÉCTATE CONTIGO MISMO

A veces ni nos damos cuenta de que una situación o en una conversación nos sentimos de alguna manera “avasallados”; nos quedamos con mal cuerpo pero no es hasta que pasa un relativo espacio de tiempo, generalmente el necesario para que nuestra psique pase a un estado de calma, en el que “reaccionamos” (“lo que me sentó mal fue..”; “le hubiera dicho”…)  y a partir de ese momento iniciamos nuestras conversaciones mentales “de respuesta”, absolutamente agotadoras, exhaustas e improductivas, pues mientras sigamos “viviendo en nuestra cabeza”, no estamos en el momento presente, que es en el que transcurre la vida.

¿Qué ha ocurrido? ¿Cómo es que no nos hemos dado cuenta de lo que estaba pasando? ¿Por qué no hemos  sido capaces de reaccionar?

Estamos BLOQUEADOS.

La dificultad para pensar y sentir con claridad, la postergación una y otra vez de los anhelos propios, la confusión y desorientación interior en momentos decisivos, la frialdad y ausencia de empatía con el sufrimiento de otros, el anestesiamiento de la propia conciencia y la supremacía de una actitud de autoengaño…. Todo ello, manifestaciones, huellas de BLOQUEOS emocionales

“La única manera de vencer el miedo es enfrentándolo”

La paz y la alegría no vienen de fuera, el camino hacia la madurez es el de una PROFUNDA EMPATÍA con uno mismo. Así, todas las distorsiones y bloqueos dejan de ser necesarios en cuanto la vieja herida deja de ser reprimida y negada y puede ser vivida; esta vivencia en la madurez es la que nos libera del miedo, de la culpa y de la ilusión infantiles.

Cuando accedemos a una profunda comprensión emocional de nosotros mismos, es cuando recuperamos la auténtica LIBERTAD INTERIOR y es entonces cuando ya podemos ELEGIR plena y conscientemente nuestras respuestas a lo que sucede fuera de nosotros.

 

  • 2º.-OCÚPATE DE TI MISMO

En el proceso de liberación de bloqueos y conexión con nuestro propio interior, existe también un camino CONSCIENTE en el que tenemos que hacer una serie de reflexiones y  tomar DECISIONES fundamentales.

¿Qué quiero? ¿Hacia dónde me encamino? ¿Cuál es mi propósito?

Si no sabemos lo que queremos ni hacia dónde vamos, hemos perdido la capacidad de autorregular nuestro propio comportamiento; no somos dueño de nuestra vida, ni somos  dueños de nosotros mismos; estamos a merced de algo “externo”: lo que manifiesta mi pareja, lo que es conveniente en mi familia,  lo que agrada a mis amigos, lo que quiere mi jefe, lo que suelen hacer mis compañeros, lo que es “políticamente correcto”.

Cada uno de nosotros puede hacer una elección de vida razonada, saber qué estoy haciendo y porqué lo estoy haciendo, pero para ello tengo que ocuparme de MÍ MISMO.

 

  •  3º.- ENTRENAMIENTO ASERTIVO

Superado y trascendido el bloqueo emocional, ya sólo queda la parte técnica que es la parte más sencilla, y es que existen numerosas estrategias y técnicas para comunicarse con asertividad. Se trata de aplicarlas y repetir aquellas que más se adecúen a nuestro carácter.

  1. Técnica del disco rayado: se trata de repetir el mismo argumento una y otra vez, de forma paciente y tranquila sin entrar en discusiones.
  2. Banco de niebla: se le da la razón a la otra persona, pero evitando entrar en mayores discusiones. Se le dice en un tono de voz calmado y convincente transmitiéndole a la otra persona que lleva parte de razón en lo que dice.
  3. Aplazamiento asertivo: se pospone la discusión para otro momento donde se controle más la situación.
  4. Relativizar la importancia de lo que se discute: se trata de hacer ver que a veces es más importante no entrar en discusión y comprender que ésta no lleva a ningún lado. Por ejemplo, interrumpir una discusión con algún comentario del tipo “Quizás esta discusión no tiene tanta importancia como le estamos dando”
  5. Técnica de diferenciar un comportamiento de un modo de ser: se le hace ver al otro que aunque incluso uno pueda haber cometido un error, eso no implica que es una mala persona. Por ejemplo, “Aunque hoy haya llegado tarde, eso no quiere decir que sea impuntual”.
  6. Técnica de la pregunta asertiva: se parte de la idea que la crítica del otro es bienintencionada (aunque no lo sea). Se le hace una pregunta para que nos clarifique lo que hemos hecho mal y cómo podemos hacerlo bien. Por ejemplo, “Cómo quieres que cambie para que esto no vuelva a ocurrir”.

 

LIBÉRATE, CONÉCTATE, OCÚPATE Y ENTRENA

“Lo que no se comunica, no existe”

Patricia R Abelairas

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